The Human Centipede (First Sequence)


THE HUMAN CENTIPEDE (2009, Holanda/UK)
Director: Tom Six /
Productores: Tom Six, Ilona Six/
Guión: Tom Six /
Fotografía: Goof de Koning/
Música: Patrick Savage, Holeg Spies /
Montaje:/
Intérpretes: Akihiro Kitamura, Dieter Laser, Ashley C. Williams, Ashlynn Yennie
Duración y datos técnicos: 92 min Color.

Tom Six, director de mediocres producciones como Gay In Ámsterdam (2007) o Honeyz (2004), dirige, escribe y produce esta historia, y no es extraño, porque difícilmente nadie querría producir esta arriesgada propuesta de género.

The Human Centipede está protagonizada por uno de los arquetipos más tradicionales de las cintas de género, el Mad Doctor (Dr.Brundle, Dr.Frankenstein, Dr.Quatermass, etc.) y lo mezcla con las típicas propuestas actuales en la honda de Hostel y productos similares que han sido etiquetados como “Torture Porn”.

El film retrata a un mad doctor, y su obsesión por llevar a cabo una desquiciada idea, tras años de dedicarse profesionalmente a la separación de siameses. La realidad parece superar al personaje y este pretende invertir el proceso que tantas veces ha llevado a cabo uniendo a tres personas y convirtiéndolas en una sola, en el ciempiés humano.

La trama arranca haciendo uso de topicazos del género, y de entrada crea confusión ya que da lugar a prever cierto desarrollo que no va a ser el que finalmente nos encontramos. Dos chicas americanas de viaje por Europa (mala fama que tiene el viejo continente) se quedan tiradas con el coche en mitad de un bosque mientras van de camino a una fiesta. Hasta aquí tenemos el típico argumento de cintas como Hostel (2006, Eli Roth), Train (2008, Gideon Raff), etc…sin embargo pronto la trama adquiere una nueva dimensión.

Six consigue un retrato espeluznante con su mad doctor, el Dr. Haiter, interpretado por un espléndido Dieter Laser, que lleva a cabo una magistral interpretación que resulta ser de largo el elemento con más fuerza de la narración. Su interpretación parca en palabras bien entroncaría directamente con el Nosferatu de Murnau (1922). El terror que desprende su persona viene directamente de su apariencia, de sus movimientos, de su mirada y de la escasa pero asfixiante manera de hablar. Cabe decir que parece ser que nada de esto es casual pues la acción de la cinta, que sucede en Alemania, recuerda a los aberrantes crímenes cometidos por los megalómanos y ególatras “científicos” alemanes del III Reich Nazi. El resto de actores no está mal, sin embargo hay que destacar la dolorosa, por sobreactuada, interpretación de Akihiro Kitamura, que también ha dirigido algunas películas como Porno (2004).

La trama en general no posee un gran tratamiento, los personajes son planos y no se desarrollan para nada, ni tan solo el personaje del doctor, del que no se nos explica ni el origen de su locura ni ningún otro detalle. Por lo tanto, la trama aunque sencilla posee al tiempo una fuerza que nace de la idea en sí de la situación en la que se encuentran los personajes, y es capaz de atraparnos por completo en una mezcla de curiosidad, escatología, morbo y quién sabe cual de nuestros peores instintos.

Otra de las grandes fortalezas de la cinta es que contrariamente a lo que se pueda pensar, es bastante escasa en cuanto a violencia explícita o cualquier tipo de escena que pueda ser desagradable y su verdadera potencia narrativa reside en la sugerencia y en dar los elementos necesarios para que sin mostrar nada o prácticamente, nosotros lo imaginemos todo. Consecuentemente lo más enfermizo que hay en esta cinta es la propia imaginación del espectador porque gran parte de lo feo que tiene la cinta está en nuestra cabeza y no en la pantalla. Conseguir esto es una de las grandes virtudes que ha de poseer el cine de género porque al margen de la utilización de grandes efectos especiales, bandas sonoras estruendosas, grandilocuentes escenografías u otros elementos de artificio o clichés del cine de terror, conseguir angustiar, aterrar, asquear y hacer permanecer en el imaginario colectivo elementos que no estaban en la pantalla es todo un logro, y sino pensemos en la magnífica La Matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, Tobe Hopper, 1974), película que sin duda todos los que la hemos visto recordamos mucho más sangrienta de lo que verdaderamente es porque lo sugerido y no mostrado tiene mucha más potencia en nuestra imaginación.

Otros elementos a tener en cuenta son la fotografía y la puesta en escena en la que predomina los colores fríos y referentes continuos a la asepsia de un hospital y a la frialdad del personaje central, el doctor. La propia fotografía, la casa y los colores que lo envuelven todos son parte del propio protagonista. La banda sonora es escasa para centrarse más en el sonido directo. Con la unión del planteamiento de todos estos elementos Six pretende acercarnos a los acontecimientos de una manera más realista, buscando la angustia de la cercanía de la narración y en cierto modo a la credibilidad una auténtica pesadilla fruto de un onírico planteamiento psicopatológico.
El tempo de la cinta es pausado, apenas suceden acontecimientos, escenas de tortura física, acción u otros salvando una de las secuencias del final, pero incluso en esta, fruto del planteamiento, tampoco puede ser concebida como una escena dinámica y trepidante, sino como una secuencia que posee su fuerza dramática de nuevo en el planteamiento y no en como sucede. En este punto la cinta se caracteriza más como una producción europea o asiática que no como una producción USA, que en general posee todos los elementos contrarios a esta (dinamismo, violencia explícita, banda sonora como soporte narrativo, sexo o desnudos, etc.)

Odiadla o amadla pero Human Centipede es lo que es, se presenta tal cual, sin artificios y puede gustar u horrorizar y creo que ambos casos habrá logrado su objetivo.

Una cinta que al tiempo que nos repulsa nos atrapa y no podemos dejar pasar.

Tom Six ya está trabajando en la segunda entrega que llevará por título The Human Centipede 2 (Full Sequence) en la que vuelve a ejercer de director, guionista y productor. Sea lo que sea que nos depare no podemos perderla de vista.

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