SUSPIRIA (2018). El resurgimiento del poder de la mujer.

«This is a waltz thinking about our bodies / What they mean for our salvation»

«Cuando las mujeres os dicen la verdad, decís que es un delirio»

 

Nació en una nebulosa de críticas salvajes antes de haber sido vista, porque su director no venía del género y se atrevía a hacer un remake de Suspiria del maestro Dario Argento (1977) -cuanta osadía…- y para más inri la B.S.O. iba a ir a cargo de Tom York, el líder de Radiohead -que poca vergüenza…- 

Para mi, todo esto no tiene ningún valor ni sentido alguno. Me refiero a juzgar las películas por un teaser, un tráiler o sin tan siquiera eso, en definitiva, sin haber visto la película. Algo muy de estos tiempos que corren. 

Cada obra tiene valor por sí misma, eso es lo que creo yo, y hay que juzgarlas una vez vistas, por lo que son, en su contexto, y teniendo clara su voluntad. Ni más, ni menos. Decir que Suspiria de Luca Guadagnino (2018) es una mala película -podrá gustar más o menos, pero eso es subjetivo- es como decir que uno no entiende nada de cine. Así de claro.  

Probablemente, y soy muy fan de la Suspiria de Argento, porque tengo claro estos principios y porque considero que un remake, la palabra lo dice, implica un trabajo de reconceptualización, reinterpretación, reelaboración, reescritura… llamadle como queráis (¿puesta al día?) no espero que necesariamente tenga que parecerse a la original, de hecho si aporta nuevos elementos, puntos de vista, etc. mucho mejor y estoy pensando en el remake de Maniac (Franck Khalfoun, 2012) que me pareció extraordinaria, como lo es esta revisión del clásico de culto de Argento. 

Guadagnino no es Argento, Tom York no es Goblin y 1977 no es 2017, ni por contexto histórico-cultural, social, artístico… por lo que no solo es necesario, sino indispensable que sean películas diferentes. De todos modos, volvamos a lo básico, ¿qué sentido tendría volver a hacer Suspiria? Habrá quién diga que no hacía falta un remake, incluso hay quién dice que el verdadero remake de Suspiria, es The Neon Demon (NWR, 2016), y no me parece desacertado la verdad, supongo que habrá que llamar a un médico a estas alturas…

En todo caso, Luca Guadgnino, lo deja bien claro en los créditos, Basado en el guión de Dario Argento y Daria Nicolodi, otra palabra a la que tenemos que prestar atención a su significado para enfrentarnos a esta renacida Suspiria

A estas alturas del texto, alguno/a ya habrá quemado el fanzine, arrancado estas páginas, o buscado mi twitter para mandarme a la mierda, pero por lo menos ya tenemos claras algunas cosas que me apetecía decir antes de arrancar de verdad.

El remake de Suspiria fue anunciado por primera vez en en 2008 por el director David Gordon Green, quien había coescrito un guion con su diseñador de sonido. Al parecer Guadagnino había convencido a Dario Argento y Daria Nicolodi para optar a realizar el remake y puso al frente a Green. El proyecto sin embargo no fructiferó debido a problemas presupuestarios con el estudio y quedó en stand by hasta 2015 cuando Guadagnino anunció que se ponía en marcha el proyecto y que iba a ser él mismo quien dirigiera no el remake sino el homenaje a Suspiria y no en vano iba a producirse para el 30 aniversario de esta. 

La acción de esta nueva Suspiria sucede en Berlin en 1977 en una academia de danza, en plena guerra fría, y en la Alemania dividida por el muro de Berlín, en un momento en el que la violencia, la ira y la fractura social estaba extremadamente marcada, elementos que le dan a Guadagnino un nuevo terreno de juego, alejado del escenario atemporal y terrenal de la versión de Argento que podía pasar en cualquier sitio y en cualquier momento en el tiempo, y abre todo el abanico de posibilidades para ahondar en temas como el patriarcado, la violencia, la frustración de la sociedad, la culpa generacional, las brechas sociales, el rol de la mujer y los matriarcados, y nos muestra el aquelarre, la lucha de poderes interna, la influencia que ejercen sus miembros sobre las estudiantes de danza, entre otros.

Lo cierto es que la visión de Guadagnino, gracias también al excelente guion de David Kajganich, es una monumental construcción temática que va más allá de la mera historia de brujas, sin perder de vista por supuesto esta historia de base, dándole una dimensión muchísimo más amplia que un primer visionado se torna abrumadora. A mi entender, el primer visionado con la fuerza sensorial y la multitud de elementos temáticos y metafóricos que encierra, con sus múltiples lecturas, pueden echar a ciertos espectadores para atrás, aunque si simplemente te enfrentas a la experiencia audiovisual que construye Guadagnino, se puede disfrutar enormemente. Y no me malinterpretéis con esto, no estoy diciendo que sea mejor que la de Argento, sino que es otra película completamente diferente, disfrutable de maneras dispares. La Suspiria de Guadagnino es una obra de terror en su forma y en su fondo, y en ningún momento se olvida de eso, sabe muy bien lo que está construyendo, no olvida el referente, y no se avergüenza del género de la película que está haciendo. Sensación que no tengo con otras obras actuales sobrevaloradas a mi entender que sí parecen huir en buena medida del género en el que se mueven con cierta vergüenza. En todo caso, no quiero decir que se una película de eso que a muchos/as les gusta denominar como elevated horror porque es un término que parece infame y que parece justamente moverse en esa especie de voluntad de querer desmarcar ciertos productos de la palabra TERROR como si fuera algo menor.

Para desarrollar esta historia sobre un aquelarre de brujas en el Berlín de finales de los 70, Guadagnino se ha rodeado de un elenco extraordinario que funciona con la precisión de un reloj suizo Dakota Johnson, que está magnífica y no me cuesta reconocer que dudé enormemente de que fuera a funcionar, Tilda Swinton (increíble su triple interpretación), Cloë Grace moretz, Mia Goth y la aparición de Jessica Harper (la protagonista de El fantasma del paraíso (Phantom of Paradise, 1979) de Brian de Palma y la Suspiria de Argento) un guiño en toda regla para los fans de la original.

Cabe destacar la fotografía a cargo del director de fotografía Sayombhu Mukdeeprom, quien anteriormente había trabajado en la película de Guadagnino Call Me by Your Name (2017). La cinta se filmó en 35 mm como la original en su momento, si bien se opta en esta ocasión por una paleta de colores e iluminación opuesta a la de la original. La gama cromática escapa de los rojos, verdes y azules eléctricos y electrizantes de la Suspiria de Argento y topa posesión de una paleta de colores apagados, marrones, granates, grises…luces tenues y espesas que en muchos momentos transmite la sensación de que la cinta se haya filmado en blanco y negro acompañado de planos angulosos y zooms que recuerdan al cine de finales de los 70-80. A mi entender decisión más que acertada que acompaña el tono narrativo y el contenido de la cinta que pretende mostrar un retrato oscuro, crudo, triste, violento y desolador alejado del tono de fábula fantasiosa de la Suspiria original.

Siguiendo en la línea de revolucionar la Suspiria que conocemos, de darnos su propia visión, Guadagnino persiguió a Tom Yorke para que se hiciera cargo de la banda sonora. Este, en un primer momento rechazó el proyecto, pero Guadagnino se mostró perseverante e insistente hasta que lo convenció. Se trata del tercer disco en solitario de Tom York y la primera banda sonora para un largometraje, si bien no su primera experiencia ya que ha realizado diversas bandas sonoras para diversos cortometrajes de la compañía Rag & bone, por lo que no le caía como algo nuevo, y sois seguidores de su música, en solitario o con Radiohead, sabréis de sus diversos juegos y temas que son piezas de BSO ficticias. Previamente a este proyecto pudo haberse encargado de la BSO de El club de la lucha pero rechazó el proyecto al estar recuperándose del estrés que le había provocado la tremenda gira del disco Ok Computer. La elección de este músico también ha levantado ampollas entre el fandom, y de nuevo no lo entiendo. A mi entender es la mejor elección que Guadagnino podía haber echo para el enfoque y la puesta en escena por la que apuesta. La música de Yorke está lejos de la de Goblin, tampoco tendría sentido reproducir la de estos, excelente por otro lado, pero tampoco la olvida del todo, a la vista está el uso de suspiros, lamentos, susurros y reiteraciones musicales que claramente hacen referencia a estos. Pero está claro que lo de Yorke es de otra galaxia y otro tiempo. El uso de la música de Tom Yorke sumerge al espectador, a menudo sin que se dé cuenta, en las entrañas de la película. Una serie de piezas sutiles, construidas sobre bases electrónicas, trabajan no de forma tan explícita como se le puede querer pedir a una BSO de una película de terror, aunque no sea mi caso, lo puedo entender. Lentamente se abre camino en el inconsciente y va abriendo las puertas de lo inquietante, lo atávico, los miedos primigenios escondidos en rincones de nuestro cerebro para culminar en una orgía sonora que nos arrastra a la catarsis final a la que se enfrenta Susie Bannion. Según el propio York su partitura está influenciada por el krautrock de finales de los 70, el rock “repollo”, así se denomó a algunos artistas alemanes de la época en referencia al chucrut (repollo, la música concreta y la banda sonora de Blade Runner (Ridley Scott, 1982). El conjunto de temas que componen Suspiria, sus loops, bucles fracturados, sonidos acuosos y otros ásperos, los sutiles sonidos en varias capas,… componen una atmósfera que se va apoderando del espectador de manera irreversible como si de un conjuro se tratase.

Suspiria se desarrolla en seis actos y un epílogo y como hemos comentado sucede en el año 1977, no es baladí, en el Berlín del muro y nos cuenta la historia de la inocente Susie Bannion, una amish estadounidense que viaja hasta Berlín para entrar a formar parte de la academia de danza Tanz que dirige la Madre Markos y desconoce los secretos de esta: «There’s more in that building than what you can see» dice Chloë Grace Moretz haciendo referencia al aquelarre.

Susie huye de su familia en los EEUU, en concreto de su madre, una autoritaria y posesiva mujer que reniega de ella por no estar en sintonía con los valores de su comunidad, y el rol que le tocaría en esta como mujer. Susie representa el cambio tanto en su comunidad como en la academia de danza, es la juventud, la nueva sangre, la representación de los nuevos valores que vienen a  rebelarse y reabrir nuevos caminos en contra de la represión, el odio y está destinada a hacer prevalecer a una comunidad que tras siglos de autopreservación luchando y revelándose contra el patriarcado que las ha asesinado, violado, utilizado como a animales y objetos, necesita un cambio para no quedar destruida por su propia corrupción.

A lo largo de los seis actos y el epílogo vemos las guerras internas en la escuela de danza por conseguir el poder y mantenerlo a toda costa, y por supuesto la meteórica ascensión de Susie, a través de la danza como ritual de embrujo y dominación, hasta el lugar más alto del aquelarre que culminará en una operística catarsis y renacimiento de la madre Suspiria.

A lo largo de toda la narración veremos en primer plano menciones a las noticias del grupo Baader-Meinhof y discusiones sobre el legado del nazismo, junto con alusiones sobre el papel cambiante de las mujeres en la sociedad moderna y el poder indomable de la maternidad. Elementos sobre los que la película va reflexionando de manera progresiva y que ayuda a transmitir el mensaje de desasosiego sociopolítico-cultural que está omnipresente en la cinta de manera metafórica y sobre la dificultad/inutilidad de dejar el pasado de lado. La división del muro es como la división entre hombres y mujeres, entre patriarcado y matriarcado, de hecho los hombres en Suspiria son poco más que peleles que son manipulados, lo único que importa es la energía femenina y la figura de la madre «Una madre puede sustituir a cualquiera, pero cualquiera no puede sustituir a una madre». Al final existe un discurso omnipresente en esta representación de los hechos históricos que se presentan en Suspiria y es que los hombre son los que no han metido en todos los problemas salvajes que hemos vivido a lo largo de la historia y sobre el abusp de poder que lo encontramos incluso en la propia academia de mano de la madre Markos y sus acólitas. Las mujeres son las únicas que pueden salvarnos, y ese mensaje lo vemos claro cuando la madre Suspiria asciende, si bien, esa salvación tiene un precio. Porque no nos engañemos, la visión de Guadagnino del feminismo no es naïf, no es inocente, el feminismo, el matriarcado también tiene que ser cruel y fuerte cuando las circunstancias lo requieren.

Como os decía al inicio, la interpretaciones son muchas, los elementos a analizar, “dios” me libre de intentarlo aquí, una montaña compleja y peligrosa de escalar, pero no por ello es menos motivador. Suspiria llega de lleno a los sentidos con su tempo pausado, rítmico, casi mágico, como el de la danza de la escuela, que hipnotiza y masacra cuando es el momento preciso y abruma. Por ello os recomiendo un segundo visionado con los ojos y los oídos bien abiertos.

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