RAZORBACK: LOS COLMILLOS DEL INFIERNO

RazorbackLejanamente basado en la novela homónima de Peter Brennan, Razorback es, seguramente, uno de los títulos más conocidos de la exploitation australiana; y tiene su razón de ser. Dirigida por un Russell Mulcahy pre-Inmortales (de hecho Razorback fue su primer largo de ficción), la película nos sitúa en la Australia rural poblada de cazadores y bebedores de cerveza, todo ello envuelto por una aura expresionista y pulida hasta la náusea (todo hay que decirlo), realmente seductora.

En Razorback, Beth Winters (Judy Morris), una reportera canadiense, viaja a la pequeña localidad de Gamulla, en la Australia rural, para investigar una fábrica de comida para perros, que según parece utiliza carne de canguro para sus productos. Cuando Beth desaparece, su prometido Carl (Gregory Harrison) se traslada a Gamulla para intentar descubrir qué ha pasado y se encuentra con los hermanos Baker, los psicóticos dueños de la fábrica a la que Beth pretendía investigar. Con todo, Jake Cullen (Bill Kerr), un viejo cazador que sospechaba de los Baker como responsables de la desaparición y muerte de Beth, empieza a creer que no fueron ellos, sino que fue un enorme jabalí, el mismo que mató a su nieto unos años atrás. Carl, Jake y su socia Sarah (Arkie Whiteley) saldrán a la caza del jabalí al mismo tiempo que los Baker deciden eliminar a Jake antes de que les relacione con la muerte de Beth Winters abiertamente.

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Razorback

Una película con una fotografía preciosa (obra del nunca suficientemente reivindicado Dean Semler) y una narrativa muy trabajada, además de una dirección artística tremenda, Razorback resulta destacable a muchísimos niveles. Everett De Roche, el guionista (por cierto, responsable también del guión de otro clásico australiano, el Patrick de Richard Franklin), supo quedarse con los elementos más atractivos del libro de Brennan (cuyo Razorback literario era más una historia sobre traficantes de diamantes que sobre un cerdo monstruoso) convirtiendo al proyecto en una exploit del Tiburón de Spielberg hecho con mucha más gracia que anteriores intentos como el del malogrado William Girdler con su Grizzly y dotándolo, a su vez, de personalidad propia. Por su parte, Mulcahy, que venía del mundo del video-clip (no puede evitarlo en las escenas del sueño, hacia media película), realizó un trabajo colorista a la vez que se dejaba influenciar en según qué pasajes por algunos clásicos del terror gráfico setentero; siendo La Matanza de Texas y Holocausto Caníbal dos referencias indisimulables. Hal McElroy, el productor (habitual colaborador de Peter Weir y que ya contaba en su currículum con Los Coches que devoraron París o Picnic en Hanging Rock, entre otras joyas), se decidió por Mulcahy tras ver su trabajo en el video-clip de Duran Duran Hungry Like the Wolf, trabajo igualmente colorista sin necesidad de demasiados trucos visuales y que anticipaba a un director que conocía la importancia del ritmo y la claridad narrativa a la hora de contar una historia.

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Los Coches que devoraron París

Además, si bien en los primeros veinte minutos de película se nota que algunos de los actores no sabían muy bien qué hacer con sus papeles, a medida que la historia avanza nos encontramos con personajes memorables y grotescos que, al mismo tiempo que van ganando protagonismo, también contribuyen a dotar al film de un aura retorcida y extraña; su principal baza. Ahí están los dos hermanos Baker, Benny (Chris Haywood) y Dicko (David Argue), los verdaderos malos de la película y auténticos weirdos, a lo Deliverance pasado de plastidecor.

En cuanto al monstruo en sí, aunque se construyó un animatronic a tamaño real que costó cerca de $250,000 (el presupuesto total de la película, si los datos son correctos, fue de unos generosos cinco millones y medio de dólares australianos) prácticamente no se ve en pantalla, algo que agradecer; y no por lo feo que es (que lo es).

‘Razorback’, estrenada en cines en España como Los Colmillos del Infierno, por cierto, es una monster movie original y artística, más por su puesta en escena que por su argumento en sí, y una de las ozploitations que mejor aguantan el paso del tiempo. Eso ya es mucho.

Marc Gras

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