Intenciones

Suele valorarse positivamente aquel cine que apela a nuestro intelecto. Sin embargo no goza de buena opinión crítica el cine que apela directamente a las emociones lúdicas.  El cine de terror puede englobarse en este tipo de cine. Una.

Tampoco suele gozar de buen prestigio crítico el cine fuertemente codificado en un género. Dos.

La generificación del cine de terror es muy notable y provoca con facilidad, por la fuerte tendencia mercantilista del cine, que se abuse de dichas constantes genéricas dando pie a repeticiones sucesivas, remakes y exploitations… Tal cantidad del derivados y productos mediocres inducen fácilmente a la generalización. El bosque no deja ver los árboles. Tres.

Hay ciertos contratos culturales y sociales, ciertos pactos no tácitos en el ámbito cinematográfico que cohesionan el pensamiento cinematográfico, a la vez que excluye a todo aquel que no se adecúa a dichos acuerdos. Esto provoca poses (aparentar que me gusta tal tipo de film porque es señal de distinción aunque no sea del todo cierto) y demás vicios en la crítica y en la creencia del espectador que inconscientemente interioriza dichas “reglas no escritas” e interioriza los dictados culturales que imponen los medios influyentes y de prestigio. En este acuerdo cultural, la manifestación artística del cine, denigra el cine de terror por ser popular, por apelar a emociones, por dirigirse en gran grueso a un público adolescente, porque busca la evasión, porque promueve emociones negativas tales como la repulsa y demás sensaciones desagradables nada lucrativas y beneficiosas para el “alma humana”. Cuatro….

Nosotros, educados cinematográficamente en este género, en un efecto peterpanesco, dirán algunos, decimos no a la una, no a la dos, no a la tres y no a la cuatro .

El efecto fandom para hablar de cine de terror puede tener su gracia.  Pero a nosotros nos aburre, porque no nos estimula lo suficiente en nuestra exigente lectura. A la letra escrita sobre cine siempre hay que pedírsele más. Lo divulgativo, lo superficial y el ciego fervor o esa tímida vertiente contracultural de ensalzar la mediocridad como signo de identidad, no va con nosotros.

Así nace Dioses y monstruos, siguiendo la loable iniciativa de cierto sector de la prensa, aunque reducido, que afortunadamente también soslaya estos prejuicios y preconcepciones y ofrece estudios riguroros al cine de terror como si estuviesen hablando de Kiarostami o de Tarkovski por poner algún ejemplo gráfico. A ellos nos sumamos.

Dioses y Monstruos

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